Teoría del aprendizaje social
Esta teoría abarca la violencia
familiar centrándose en la manera violenta es que los padres se relacionan
entre sí o con sus hijos. Este enfoque rechaza la idea de que la agresividad es
innata genética o parte de la
personalidad, sino que establece que más bien el origen de la violencia es a
través del aprendizaje por modelado que se produce en las relaciones
interpersonales, en este caso, familiares.
La imitación es la principal manera
de aprender una conducta. Generalmente aprendemos conductas por observación de
modelos y luego las reproducimos y mantenemos si obtenemos resultados que nos
beneficien. De esta forma, un fomento de la conducta es la aceptación de
personas relevantes para el imitador.
Las experiencias de violencia que van a experimentar algunos niños, pueden llevar a que se conviertan en adultos violentos con sus hijos y/o parejas, pero también con sus progenitores en la etapa de la adolescencia, especialmente con sus madres. En este sentido se destacan algunos factores que pueden contribuir a la violencia filio-parental, y que son comunes a otros tipos de violencia juvenil, como: (a) la importancia de haber sido objeto de malos tratos por parte del padre y/o la madre en sus variantes (por omisión y comisión) o, (b) el hecho de haber sido testigo de violencia en sus hogares.
Teoría de la indefensión aprendida
La teoría de la indefensión
aprendida fue propuesta por Seligman (1975), aludiendo a la indefensión como el
estado psicológico que se crea normalmente cuando los acontecimientos se ven
como incontrolables, es decir, cuando no podemos hacer nada por modificarlos,
ya que siempre sucede lo mismo.
Diferentes factores como el el entorno familiar en el que la mujer creció, el nivel de autoestima, el apoyo familiar recibido o la percepción que tenga de las relaciones de pareja es lo que lleva a la mujer a ser víctima de violencia de género. Además, el haber vivido experiencias de indefensión durante la infancia, afecta también la visión de cómo es una relación de pareja en la adultez.
Teoría de la transmisión generacional de la violencia
El efecto más dañino que puede darse en los
menores víctimas indirectas de VDG en el hogar es el que se da más a largo
plazo. Y es que la violencia a la que se ven expuestos desde que son pequeños
constituye para ellos, en muchos casos, el modelo de resolución de problemas
que pueden seguir en sus propias vidas. Este gran impacto se debe sobre todo
por la etapa evolutiva en la que se encuentran, ya que las experiencias vitales
que se experimentan en la infancia suponen un factor vital en su posterior
desarrollo y adaptación personal. Además, la familia constituye el primer
agente socializador del menor, siendo su entorno de influencia y enseñanzas más
próximo. Las relaciones familiares, relaciones interparentales y los estilos de
crianza de los mismos influyen en la capacidad del menor de autorregular su
conducta y emociones y, además, tienen un gran peso en el significado que le
darán en un futuro a las relaciones interpersonales.
La transmisión intergeneracional de la
violencia de género está influenciada además, en gran medida, por la influencia
de factores de tipo cultural/educacional. Ejemplo de ello es la superioridad
innata atribuida a los hombres respecto a las mujeres, así como la aceptación
del uso de la violencia como medio válido y eficaz de resolución de
conflictos.
Por toda esta conjunción de factores e
influencias, los menores expuestos a un entorno de aceptación de la violencia y
de supremacía coercitiva tienden a aprender e interiorizar creencias y valores
violento negativos en cuanto a las relaciones familiares, relaciones con los
iguales y, en un futuro, relaciones de pareja.
REFERENCIAS
Aroca, C., Bellver, MC., Alba, JL. (2012). La teoría del aprendizaje social como modelo explicativo de la violencia filio-parental. Revista Complutense de Educación, 23(2), 487-511.
Fernández, O., Del Prado, M., & González Sánchez, P. (2012). Las víctimas invisibles de la Violencia de Género. Revista Clínica de medicina de familia, 5(1), 30-36.
Villanueva, S. (2012). ¿Por qué las mujeres permanecen en relaciones de violencia? Av Psicología, 1, 45-55.